lunes, 14 de noviembre de 2011
Recordando...
Recordando...
No encuentro nada, no queda ni un papel. No vale nada. Despiértame, dime que paraste el tiempo nada sucedió. Y acuéstate, vuelve a contar el cuento donde acaba bien.
Y ahora que lo pienso, no encuentro una razón.
Recordando...
Solo aquel que aborrece el futuro y añora el pasado, puede permitirse odiar al presente y no abandonar su alma en cada puente, ni romper su sonrisa por no tenerte.
Perdonenme y ahora dejen que les cuente... Qué poco hay de nuevo en esta historia... que por miseria la memoria la disfraza con harapos de soberbia y gloria.
Tan solo seré fiel a lo que fuí, que el recuerdo juzgue lo que soy, como victorias, misericordias por miserias, seres llantos y discordias, por miserias que presente... siempre presente en mi memoria.
Recordando...
Recordando...
Aunque sabía que aquella situación era bastante lamentable para alguien como yo, no tenía la menor intención de ponerle remedio. Me limité a tiritar. Tiritar ayuda cuando estás a punto de ahogarte, cuando te has perdido y ya no sabes quién eres.
Entonces, es un alivio cerrar los ojos y sentir que tiritas, pues si tiritas es que estás ahí y te reencuentras a tí mismo. Pero no hay que convertirse en un adicto. A tiritar, quiero decir. Porque entonces es demasiado tarde y ya no se puede vivir sin tiritar, y sin lloriquearle para que vuelva y no se vaya de tu lado nunca más.
Recordando...
Recordando...
- Sí, hay muchos calvos cabreados por ahí...